Durante el devastador terremoto del 31 de mayo de 1970 en Ancash el señor Victor Ramos desempeñó un papel fundamental en esta historia de la cuidad, al ocurrir el desastre en Huaraz
Durante el devastador terremoto del 31 de mayo de 1970 en Ancash, que destruyó gran parte de la ciudad de Huaraz y dejó miles de víctimas, la comunicación se volvió casi imposible. Las líneas telefónicas estaban cortadas, las carreteras bloqueadas y el aislamiento era total. En ese contexto crítico, la radio se convirtió en el medio esencial para la coordinación de la ayuda y la esperanza de los sobrevivientes.
El señor Víctor Ramos Icaza, radioaficionado peruano con tan solo 19 años, desempeñó un papel fundamental en esta historia. Al ocurrir el desastre, se encontraba en Lima. Fue entonces cuando el Ejército del Perú lo contactó para colaborar en la instalación de un equipo de radio militar en la ciudad de Huaraz, con el fin de restablecer las comunicaciones de emergencia. Ramos aceptó de inmediato y viajó junto con un equipo del ejército, llevando consigo la experiencia técnica y la vocación de servicio que lo caracterizaban.
Una vez en Huaraz, Ramos ayudó a instalar y operar la estación de radio, que permitió restablecer contacto con Lima y otras organizaciones. A través de esa conexión, se logró transmitir información sobre las necesidades urgentes, coordinar la llegada de víveres, medicinas y personal de rescate, y organizar el envío de ayuda aérea y terrestre. La radio sirvió como puente entre las autoridades locales, el ejército y las organizaciones humanitarias como Cáritas del Perú y la Cruz Roja, facilitando una red de solidaridad que permitió atender a miles de damnificados.
Gracias a la comunicación radial, fue posible administrar la distribución de ayuda, ubicar a familias separadas y ofrecer mensajes de esperanza en medio del caos. La radio no solo transmitía datos logísticos: también mantenía viva la moral de la población, recordando que el país entero estaba atento a su sufrimiento y dispuesto a colaborar.
Después de aquella experiencia, el señor Víctor Ramos comprendió aún más la importancia de la radioafición en tiempos de desastre. Por ello, se dedicó a formar y capacitar a nuevos radioaficionados en Huaraz, antes solo era máximo 1 o 2 ahora se logro tener 12 radioaficionados que están preparados para servir y poner a disponibilidad sus radios, promoviendo el uso responsable y solidario de los equipos de comunicación. Esta labor permitió que la ciudad contara con una red de operadores preparados para actuar en futuras emergencias.
La historia de Víctor Ramos Icaza demuestra que, en los momentos más oscuros, la radio es un salvavidas en tiempos de crisis y puesta al servicio de la comunidad puede salvar vidas. La radio fue mucho más que un instrumento técnico: fue un medio de coordinación, esperanza y reconstrucción, un ejemplo de cómo la comunicación puede unir fuerzas y corazones en tiempos de crisis.
En medio del silencio y el caos que dejó el terremoto de 1970 en Áncash, cuando las comunicaciones se cortaron y miles de familias quedaron aisladas, una voz se levantó entre los escombros: la del señor Víctor Ramos, un hombre comprometido con su comunidad que utilizó la radio como un puente de esperanza.
Desde una pequeña estación improvisada en Huaraz, Don Víctor se convirtió en el canal de comunicación entre los damnificados y el resto del país. Su voz transmitía mensajes de auxilio, reencuentros familiares y coordinaciones de ayuda, mientras el ejército y los voluntarios escuchaban atentos para responder a cada llamado. En un tiempo sin internet, ni teléfonos operativos, la radio fue el corazón que mantuvo viva la conexión humana.
Esta historia, presentada por PrevenTíteres, rescata el valor de la comunicación en situaciones de emergencia y nos invita a reflexionar sobre la importancia de estar preparados ante los desastres naturales. A través de títeres, arte y relatos reales, la exposición transforma un episodio de dolor en una lección de solidaridad, recordándonos que una sola voz puede unir a todo un pueblo cuando más lo necesita. Esta exposición de PrevenTíteres revive su historia para recordarnos que la comunicación puede salvar vidas y que la solidaridad y preparación es nuestra mejor herramienta ante los desastres naturales.